RÉCORD DE INVERSIONES PARA LA GRAN MINERÍA
Son casi 6.000 millones de dólares en total. También crecen las exportaciones, que llegaron a 2.758 millones de dólares en 2006.
Una sola explotación minera —el potasio de Río Colorado, en Mendoza—, significa una inversión total de 735 millones de dólares. Cuando se ponga en marcha a pleno en 2009, la Argentina pasará a convertirse en el primer productor de América latina y el quinto a nivel mundial de un fertilizante imprescindible, con mercado asegurado y sin conflictos ambientales, por un plazo estimado de 40 años.
Sólo por las regalías, Mendoza recibiría 12 millones de dólares y el valor de las exportaciones llegarán a los 400 millones, casi el total de las manufacturas agropecuarias que hoy vende al exterior la provincia. Así son los números de la gran minería.
Ya se invierten 4.000 millones de dólares en las "7 grandes": Huevos Verdes y Manantial (santa Cruz), Gualcamayo, Casposo y Lama-Pascua (San Juan), Agua Rica (Catamarca) y Pirquitas Jujuy. Se sumarán a otros nombres como Veladero, El Pachón, Cerro Vanguardia y La Alumbrera, entre los más importantes.
El total de inversiones roza los 6.000 millones de dólares: el mayor monto de dinero para cualquier sector de la economía local. Son 275 proyectos mineros en diferentes grados de avance y varios grandes yacimiento a punto de comenzar a extraer minerales. La mayoría, recostados contra la cordillera y la precordillera y a lo largo de catorce provincias.
Y si todo sale como dicen los especialistas del sector, para 2010 la Argentina ya contará con al menos diez grandes emprendimientos y podrá ser considerado un país minero con exportaciones no menores a los 5/7000 millones de dólares anuales. Los más aventurados calculan que en un lustro la minería podría desplazar al complejo sojero como principal rubro de exportación.
En 2006 las ventas al exterior llegaron a los 2.758 millones de dólares, siendo el tercer sector por volumen detrás de la soja y los autos. El 85,5% de ese monto correspondió a envíos de cobre y oro. El primero, por ejemplo, se constituyó en "el producto (de exportación) más dinámico", según definió IES Consultores.
Este proceso fue de la mano de la generación de puestos de trabajo. Los empleos directos pasaron de 24.000 a 37.000 entre 2003 y 2006 y se calcula que llegarán a 40.000 este año. Los indirectos, por su parte, treparon de 97.000 a 160.000 en el mismo período. Y los salarios pasaron de un promedio de 1.600 pesos en 2003 a 4.760 en 2006.
"La potencialidad de la minería en la Argentina es muy grande. Compartimos la frontera con un país con una larga tradición minera, como Chile, y si hay mineral de un lado, también tiene que haber aquí", se entusiasmó Jorge Mayoral, secretario de Minería.
"Tampoco se trata de una moda o de un negocio de poco tiempo, ¿cuántos años hace que Chile, por ejemplo, vive del cobre? Según la ONUDI, el promedio de un proyecto minero es de 30 años. La idea es aprovechar nuestra orografía, queremos potenciar el desarrollo de cada provincia para diagramar un modelo productivo sustentable con base en los recursos naturales locales. En las provincias mineras no se puede hacer soja o carne o pasar de un grano a otro según el precio del mercado. La mayoría del territorio es un desierto de piedra".
Para el funcionario, el origen de la actual minería a gran escala tiene número: es la ley 24.196 de Inversiones Mineras y sus modificatorias que se complementan con el Plan Minero que lanzó Néstor Kirchner en 2003. Una legislación que incluye beneficios inéditos para otros sectores productivos.
—¿El crecimiento no tiene que ver con los beneficios que recibe?
—Se puede pensar que hay concesiones, pero no es así. La estabilidad en las reglas de juego, sobre todo fiscales, que prevé la ley es la que permite el crecimiento de la inversión. Poner en marcha un yacimiento tarda como mínimo cinco años. Son proyectos de varias décadas y centenares de millones de dólares. Además, siempre hay cosas que no se dicen...
—¿Cómo ser... ?
—...que la propiedad de los recursos mineros son provinciales y que las grandes minas están asociadas con empresas provinciales. La Alumbrera es socia del YMAD, integrado por la provincia de Catamarca y la Universidad de Tucumán; Cerro Vanguardia es socia de Fomicruz, totalmente estatal o que Veladero tiene como socio al Instituto Provincial de Exploraciones y Explotaciones Mineras de San Juan. Para no mencionar que el 20% de los sanjuaninos trabaja en el sector o que el 70% de los recursos tributarios de Catamarca vienen de las minas...
Pero el verdadero gran impulso llegó del exterior. La trepada del precio de los metales en el último lustro —fruto de la creciente demanda de China, la India y otras economías emergentes— fue el desencadenante de las renovadas inversiones. Porque esta "gran minería" es básicamente metalífera y exportadora. Y con un predominio casi total de las grandes firmas internacionales.
"Esencialmente es una industria de exportación porque aquí no hay capacidad para procesar los metales. Pero estoy seguro que cuando tengamos la 'masa crítica' de explotación necesaria, vendrán los capitales", se esperanzó Martín Dedeu, presidente de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM).
Explica que "el actual marco de estabilidad jurídica y tributaria" es la raíz del actual despegue del sector. Asegura que "no hay privilegios, sino reconocer la práctica de una actividad en la cual pueden pasar 10 años entre la búsqueda y la explotación comercial del yacimiento y donde la inversión de riesgo es muy alta".
Sostiene que la gran minería "llegó tarde a la Argentina" en relación con países como Chile, Bolivia o Perú y asegura que eso tiene una ventaja. "Tenemos una minería de última generación, moderna, con tecnología de punta, más productiva y con mucho menos impacto ambiental que nuestros vecinos", sostiene.
—Sin embargo, hay muchas criticas por el impacto ecológico de la industria.
—Nosotros tenemos una ley ambiental minera que cumplimos a rajatabla. Es más, para conseguir financiamiento internacional necesitamos tener cubierto el aspecto ambiental, sino no conseguimos un peso. Pero además está la Justicia que en muchos casos nos dio la razón. Yo entiendo y comparto las preocupaciones de la gente, pero también es verdad que en los últimos cien años no hay una sola persona fallecida por usar cianuro en una mina en todo el mundo. Ni siquiera existen denuncias fundadas sobre contaminación del agua. Nosotros trabajamos en lugares inhóspitos, pobres, sin infraestructura y muchas veces tenemos que llevar el agua para nuestros operarios porque estamos en medio del desierto.
Nacido en un pueblo sanjuanino de 150 habitantes, Mayoral defiende la actividad. "La minería no elige dónde producir. Encuentra los minerales donde están y para llegar a esos lugares hay que construir caminos, llevar la energía y el agua, construir los campamentos. Nunca hay infraestructura y menos en provincias pobres como las nuestras. Eso solo se lleva entre el 20% y el 30% de la inversión total. Y está la gente: en minería no hay empleo basura, no puede haber por el nivel de especialización y por eso hay mucha capacitación en el sector. Por otra parte, está el desarrollo de los proveedores locales. El 70% de los abastecimientos para una mina lo hacen, por lo general, pymes locales y hay que tener en cuenta que hablamos de unos 350 ítems, de todo tipo", concluye Mayoral.