Newsletter Nº60–Jueves 8 de Marzo de 2007- Año 2


COMBUSTIBLES VERDES: OTRA CARA DEL PROTECCIONISMO

En el caso de los combustibles verdes, se está en presencia de otra faceta del antiguo proteccionismo agrícola. Si se eliminaran estas políticas, los países que son eficientes productores de etanol y otros biocombustibles, podrían colaborar en la mitigación del cambio climático de manera más racional.

Como el uso de la energía se cuadruplicará para el año 2050, el mundo deberá volverse menos intensivo en emisiones de carbono para evitar desastres ambientales.

Los hidrocarburos y el carbón representan hoy el 80 por ciento del consumo mundial de energía. Estos combustibles fósiles son las principales fuentes de las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el recalentamiento y el cambio climático.

Por ello resulta esencial el incremento en el uso de fuentes de energía renovables y alternativas menos contaminantes.

A fines de 1998 el petróleo se cotizaba a 9,10 dólares; cuando se escribían estas líneas el precio había superado los 50 dólares, un incremento del 400 por ciento.

Hasta hace poco, salvar la brecha entre los precios de los combustibles fósiles y los costos de la bioenergía era una limitación para estas alternativas.

Señalemos además que es necesario tener cuidado cuando se comparan financieramente los biocombustibles con los combustibles fósiles, porque usualmente no se contemplan los costos y beneficios socioeconómicos y medioambientales (es decir, las externalidades)

Este año, en su mensaje anual al Congreso, el presidente Bush mencionó por primera vez "el serio desafío del cambio climático global", tema que viene preocupando de manera creciente a la opinión pública de los Estados Unidos desde el desastroso huracán Katrina del año 2005.

El presidente Bush planteó un objetivo concreto: reducir en un 20 por ciento el consumo de petróleo para el año 2017, buscando así disminuir su dependencia de suministros petroleros de áreas políticamente inestables como el Medio Oriente.

Algo parecido está ocurriendo hoy en Europa, pero cabe el interrogante sobre si estas estrategias apuntan en verdad a un mayor equilibrio ambiental o son un caso más de subsidios agrícolas distorsivos de la mejor asignación de recursos a escala global.

Brasil es hoy un gran productor mundial de etanol, elaborado a partir de la caña azucarera, con grandes producciones que vienen creciendo año tras año, y que son rentables para valores del petróleo por encima de los 40 dólares el barril.

Según informes del BID, el etanol producido por Brasil es el más barato del mundo, ya que los costos en Estados Unidos son un 30 por ciento mayores y en Europa casi un 50 por ciento más.

Si el verdadero objetivo fuera mejorar el medio ambiente de la manera más eficiente, está claro que el etanol brasileño debería gozar de la libertad comercial de ser exportado sin trabas artificiales a estos dos grandes centros de consumo de combustibles, pero esto no ocurre porque Estados Unidos impone un arancel de nada menos que 51 centavos de dólar por galón a las importaciones de etanol brasileño, una medida que el Congreso de ese país prorrogó hasta el 2009.

La Unión Europea no le va en zaga e impone aranceles aún más altos.

Lo que está influyendo hoy decisivamente en las trabas al comercio del etanol son los intereses de los agricultores del Medio Oeste de los Estados Unidos, que reciben subsidios millonarios para producir maíz, que es el insumo para elaborar etanol.

Por su parte, los productores de Francia y España impulsan los subsidios para las producciones agrícolas orientadas al etanol, que son ineficientes en Europa por sus altos costos.

Si se eliminaran estas políticas proteccionistas, los países que son eficientes productores de etanol y otros biocombustibles, no solamente Brasil sino también otros países de Africa y América Latina, podrían colaborar con la mitigación del cambio climático de una manera más racional, es decir produciendo biocombustibles donde las condiciones naturales son más propicias y por lo tanto, los costos menores.

Por ahora las cosas no son así, de manera que las políticas de estímulo a los biocombustibles en Europa y los Estados Unidos son la nueva cara de las antiguas distorsiones agrícolas.

Además, se está perdiendo de esta manera la oportunidad de diversificar geográficamente la oferta mundial de combustibles, ya que las eficientes naciones productoras de biocombustibles no son países petroleros.

Extractado de www.clarin.com

® Copyright  2006 . El Casco Amarillo-UOCRA. Todos los derechos reservados